‘La mirada del bosque’, vista por La Biblioteca Imaginaria

[Reseña de ‘La mirada del bosque’, de Chesús Yuste, en La Biblioteca Imaginaria, a cargo de José Cruz.]

LA MIRADA DEL BOSQUE. Chesús Yuste

  • Título: La mirada del bosque
  • Autor: Chesús Yuste
  • Editorial: Paréntesis
  • Págs: 186
  • Precio: 13 €

A nadie le gustan los fisgones. A menos que uno forme parte de su círculo. Si lo incluyen en su “red social” ya la cosa cambia, no me diga que no. En Ballydungael, condado de Donegal, Irlanda, encontramos lo que así, de entrada, el narrador de “La mirada del bosque” da en llamar “fuerzas vivas”. Pero un observador externo que echara mano de su lado más malasombra, podría calificarlos como “grupo de estirados fisgones que se reúnen cada noche de miércoles a chismorrear, dado que se aburren soberanamente”.

La verdad es que ese pensamiento que no me duró más que un instante lo incubé al terminar la novela, lo de si no serán en realidad unos voyeurs que para despellejar a sus vecinos se ayuntan con la excusa del yantar y comentar las novelas de la escritora local Áine Ní Bhraonáin, alma mater del “meeting”. Al principio no tuve tiempo de plantearme nada, porque cuando quise darme cuenta ya estaba metido en el selecto círculo, ya era un invitado a una de esas dos cenas semanales que ocurren en la novela. Uno se sienta (a leer) y tiene una sensación pasmosa de comodidad, de ambiente cordial, y ve desfilar con buen apetito los platos suculentos. Es lo que le debe ocurrir a la nueva médica del pueblo, que como el propio lector acude por primera vez a una de esas cenas de los miércoles. Patricia Collins, moza de buen ver y mejor gozar, se llama. Y es que al igual que en eso, lo del gozar, en el comer y en el rascar, todo es empezar. También en el leer, porque lo más seguro es que se sienta tan en consonancia con estos personajes, que no quiera dejar ya la novela. Aunque estoy seguro que técnicamente no es la mejor del mundo, es una creación total y amigable. Pronto esos que a bote pronto parecerían un grupo de snobs recalcitrantes (el cura, el alcalde y propietario del colmado del pueblo, la maestra-escritora, el policía, la locutora de radio-esposa del alcalde, y la médica recién avenida), se nos revelan como gente sencilla de vida sencilla, casi chejoviana, unos comodísimos compañeros en esta travesía que pone rumbo a su nudo: el esclarecimiento y búsqueda del culpable de la muerte de una vecina del pueblo, Emily Donoghue, empleada de correos, madre y esposa a quien en primera instancia recuerdan por descocada y lúbrica.

Si bien La mirada del bosque deja de la mano de Dios a algunos (estaremos de acuerdo en que hay una nómina impresionante de figurantes, pero ¿por qué ya no vuelve a aparecer el novio de la médica y qué necesidad había de perderlo por esos andurriales antes de llegar al pueblo?), es una lectura hecha para el entretenimiento sustancioso y por momentos didáctico, con un nivel de calidad fuera de toda duda.

Primero, y lo que más me agrada es que no hay piruetas de performance literario. Predomina la sencilla simplicidad, la ausencia de arquetipos archisobados… La fuerza dramática recae en meros retazos de vida, de una vida diaria que lleva a poner al policía de pueblo a investigar por primera vez en su vida un crimen, y eso a las órdenes de un superior, que admira abiertamente los logros sexuales del mismo personaje al que está interrogando. Un superior al que antes de verlo en acción suponíamos afilado en la piedra de la esencia narrativa del género negro norteamericano, pero que, sin embargo, no es ni más ni menos que un fulanito, cualquier hijo de vecino que a las primeras de cambio teme perder su empleo. Y que de sobra, en un alarde de mediterraneidad, pierde los papeles cuando mira el escote de la médica del pueblo, la Collins.

Después su originalidad: es una novela policial que en la página 161 habla de las novelas policiales y que se construye a partir de sus propios personajes, porque es desde de sus pesquisas que ellos mismos van construyendo casi una novela dentro de la novela. El narrador es un poco así medias noches, porque ni se esconde ni se muestra con rotundidad, pero tampoco molesta.

Esa originalidad también se refiere a su carácter “entrañable”: su desinterés por la crispación a partir de “colarnos” a esos dos policías un poco desamparados a los que las “fuerzas vivas” van a proporcionar una ayuda inestimable, el dolor que parece haber causado una muerte violenta en una comunidad aparentemente bien avenida…

Y en su favor destacar también su ambición de “novela total” que decía antes, en cuanto a la atmósfera y la ambientación sin fisuras, trabajada al modo de un chabolista de favela que recoge cualquier material con que construirse un techo: desde elementos “mágicos” de la tradición celta, el deporte, la cocina, el sentimiento nacionalista, hasta de la historia reciente de Irlanda y la herida de la división, pasando por la impunidad ante los atropellos y corruptelas de la religión dominante en el país. Con todo ello consigue Chesús Yuste desplegar el abanico de algunas vidas (ya digo que por la gran cantidad sería impensable dedicar la misma profundidad a la retahíla de personajes que componen esta obra coral), y llevar sabiamente la novela hasta su resolución.

Bien es cierto que esta (la resolución), por la forma en que el narrador la desata, deja en el lector un poco esa sensación de regalo que nos viene con el papel roto y acertamos a ver el contenido bajo el envoltorio, y preguntamos “¿lo abro ya?” Pero esa “debilidad” es a esas alturas difusa, el lector que recibe el regalo es ya un amigo fiel, un miembro (interesado como el que más en el caso) de esta pandilla de seres de papel que no son rancios, tampoco orgullosos ni acartonados. Y muy al contrario, cuando termine de leerla no podrá aplicarle a los personajes esa parte del poema de Joyce que inaugura el libro: “Ahora es para mí un extraño quien fue mi amigo”.

José Cruz Cabrerizo

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Una respuesta a ‘La mirada del bosque’, vista por La Biblioteca Imaginaria

  1. No he leído nada de Chesus Yuste, pero la descripción que haces de su libro es muy interesante, por lo que deseo leerlo.
    Gracias

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