‘La mirada del bosque’, vista por Francisco Machuca

[Reseña publicada en El tiempo ganado, bitácora cultural de Francisco Machuca.]

La mirada del bosque (territorio mítico)

“Oh, todo tipo de locuras suceden en Irlanda,
todo tipo de locuras.”

Anjelica Huston

Irlanda suscita pasión, incluso para los que nunca estuvieron allí. Sólo el nombre de Irlanda nos traslada a un territorio más mítico que real.

Los orígenes de la literatura irlandesa se remontan al s. IV a. J.C. Se trata fundamentalmente de una tradición épica que perpetuaron diversas corporaciones hasta la invasión normanda. Durante siglos, y a pesar de las persecuciones, persistió una literatura irlandesa escrita en lengua gaélica, que comprendía novelas épicas, canciones y crónicas. A partir del s. XVIII, algunos escritores irlandeses en lengua inglesa consiguieron más difusión (Swift, Sheridan y Goldsmith). A fines del s. XIX y principios del s. XX aparecieron paralelamente el resurgimiento nacionalista irlandés, una literatura, representada por W.B.Yeats y G. Moore, entre otros escritores, que en un principio había imitado a los simbolistas franceses y que colaboraron a resucitar una conciencia de unidad de espíritu irlandés, Pero también con el s. XX surgiría en Irlanda un grupo de escritores inigualable dándole otra vuelta de tuerca al asunto: S. O’Casey, James Joyce, Samuel Beckett, C. Tynan, Elizabeth Bowen, Josep O’Neill, Natthew Swenney, Colum McCann, Seumas O’Kelly, Flann O’Brien, Claire Keegan, etc., todos ellos alejados de la épica y de las leyendas. Una vez dijo Claire Keegan: “Escribo sobre familias disfuncionales, vidas miserables carentes de amor, enfermedad, vejez, el invierno, el clima gris, el aburrimiento y la lluvia.”

Chesús Yuste, aragonés y enamorado de Irlanda y poseedor de un blog, Innisfree, posiblemente uno de los espacios más completos sobre Irlanda, acaba de publicar su primera novela, La mirada del bosque. Lo que más me ha llamado la atención es que su obra transcurre en la década de los noventa del siglo pasado, y, da un giro a toda la tradición literaria del s. XX. Convierte su historia, no exenta de rigor histórico, en un festín literario en donde cabe todo: el humor finísimo, la ironía, la fraternidad de los contrarios, el guiño cómplice, el absurdo, la magia, la gastronomía, los alcoholes, el misterio, el sexo y un cadáver. Estoy incluso por admitir que su imaginario Ballydungael, el pequeño pueblo situado en el condado de Donegal, podría convertirse, si el autor nos sigue regalando más novelas, en un territorio mítico como hicieron García Márquez con Macondo, Faulkner con Yoknapatawpha o Juan Carlos Onetti con Santamaría.

Chesús Yuste ha conseguido con La mirada del bosque lo que muy pocos escritores irlandeses consiguen en la actualidad, rescatar lo mejor de la tradición literaria irlandesa, ese territorio mítico que no es otra cosa que la literatura en estado puro. La novela gira en torno a un asesinato que le sirve a nuestro autor como punto de partida a todo un mundo fantástico rico en contenido y en personajes que van evolucionando según avanza la historia, incluso el cadáver (un guiño para Chesús). Asistimos al inicio del Tratado de Maastricht, por el cual empezaba a convertirse la Unión Europea que giraba alrededor de dos ejes; la Unión Económica y Monetaria y la Unión Política; el primero pretendía la creación de un gran espacio económico sin fronteras; el segundo aspiraba a la unión política exterior y de seguridad común y el reforzamiento de la cohesión social y económica entre los países miembros. A los irlandeses se la traían floja o, al menos, a los habitantes de Ballydungael que se oponen al nuevo proyecto New Paradise, un parque temático que amenaza con destruir el entorno y el buen hacer de sus habitantes, al mismo tiempo, que un ministro que no sabe decir Ballydungael. “Malditos pueblos que se llaman todos igual”, pensó el ministro. “Vengo a hablar de Europa…” “¿Cómo cojones habéis dicho que se llama este jodido pueblo: Ballydengol o Ballydowngall?”, gritaba exasperado ante las risas de los vecinos…” Asistimos al Bloomsday en homenaje a la novela de James Joyce, Ulises, al mismo tiempo que un potentado encerrado en su castillo ignora lo que se está fraguando a sus espaldas. Un artista que pinta desnudo y parece ser que siente más predilección por la erección de su enorme pene que el uso de su pincel. La sombra del IRA no parece oscurecer la mirada de la siempre joven y misteriosa Bríd, ser mágico que habita en los más profundo del bosque. Un hombre perdido pregunta una dirección, en uno de los mejores y más divertidos momentos de la novela. Y, todo ésto, revestido por seis comensales de lo más variopinto que se reúnen todos los miércoles: el alcalde, su esposa que es locutora de radio, el sacerdote, el sargento de la Garda Síochána, la maestra que escribe novelas policíacas y que deberá enfrentarse por primera vez con un crimen de verdad, y una doctora recién llegada a Ballydungael. Todos ellos, codo con codo, investigarán el crimen de Emily Donoghue. Por cierto, se me olvidaba, por las páginas de esta excepcional obra, deambula un chino que habla irlandés.

Que me perdone Chesús Yuste, él tiene la culpa. No puedo evitar suscribir un pasaje que me gusta muchísimo en donde se da una lección magistral de cómo se sirve una buena pinta de Guinness:

“Dettie, la hermosa camarera de An Fiach Dearg, colocó el vaso inclinado cuarenta y cinco grados bajo el grifo y tiró de la manivela hacia sí hasta dejarla horizontal para darle presión. El chorro de la cerveza empezó a caer estrellándose dentro de la pinta. Cuando quedaban dos dedos para que estuviese completamente llena, cerró el grifo y dejó la pinta sobre la barra para que reposara. Había que esperar un tiempo determinado, en torno a dos minutos (…) La camarera volvió a coger la pinta para completar el ritual. La puso esta vez vertical bajo el grifo, sin que llegara a tocar nunca la espuma, y empujando levemente la manivela hacia atrás le dio la poca presión necesaria para que se fuera rellenando el vaso casi con parsimonia. ‘Aquí tienes-susurró con voz melodiosa-, la pinta de Guinness mejor tirada del mundo’. Y le dedicó esa sonrisa luminosa con la que solía dejar encantada a la clientela masculina.”

Dice un dicho popular irlandés que Dios creó el alcohol para que los irlandeses no dominasen el mundo.

Sláinte!

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3 respuestas a ‘La mirada del bosque’, vista por Francisco Machuca

  1. Cris Valls Solé dijo:

    La mirada del bosque nos ayuda de forma muy amena a entender el conflicto irlandés. Mezclando cierto ambiente de lo misterioso más ancestral con la eficaz racionalidad de la clásica investigación viajamos por estos paisajes de leyenda de los que todos, alguna vez, nos hemos hipnotizado.
    Felicidades!

    Cris

  2. Evelyn dijo:

    Con cada comentario y reseña que leo de “la Mirada del Bosque” me quedo mas anciosa por leerla, tendre que tener paciencia.
    Saludos y felicitaciones nuevamente por el EXITO
    Evelyn

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